La solución a la crisis moral del siglo XX
(continuación)

La respuesta de LRH, desde el otoño de 1980, fue El Camino a la Felicidad. En unas palabras preliminares, habló del código moral como una pauta tradicional para el acuerdo social. Si esos convenios tradicionales ya no parecían totalmente pertinentes para este siglo, habían servido lo suficientemente bien para su época. Como ejemplo pertinente, están los Diez Mandamientos, reflejo de una existencia nómada, cimentada por la devoción a un Dios. De ahí que el primer mandamiento sea: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”. Asimismo, y por mucho que en la actualidad parezca irrelevante, la prohibición en contra de los ídolos, tomar el nombre de Dios en vano y una estricta observación del Sábbat, funcionaron para aglutinar a una comunidad tribal con intenso fervor. Entonces, asimismo, debido a que el código de Moisés es esencialmente un artículo de fe, se mantuvo en vigor en la medida en que la fe perduró, -o para llevar el argumento de nuevo hasta su punto de partida- hasta que fue usurpado por una doctrina materialista y a lo que resulta ser un código puramente biológico: Si lo necesitamos, tomémoslo; si nos hace sentir bien, hagámoslo; y si nos sentimos amenazados, entonces huyamos o matémoslo.

De formas en verdad concretas y alarmantes, LRH declaró entonces: “Los viejos valores sociales se han roto. Los nuevos valores morales no los han sustituido. El mundo de la dignidad cultural actualmente se encuentra en un estado de desintegración. Los lazos que mantuvieron unidos a los hombres como humanidad y los hicieron honorables, han sido escindidos por el ataque de un materialismo erróneo”. Luego continuó señalando muy correctamente que, pertinentes o no, las influencias religiosas tradicionales estaban declinando rápidamente, haciendo referencia específicamente a una decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos que prohibió, en efecto, la enseñanza de los Diez Mandamientos. En consecuencia, concluyó: “La gente e incluso los niños en las escuelas han adoptado la idea de que los estándares morales elevados son una cosa del pasado”, que a su vez, lo condujo a esta pregunta de vital importancia: “¿Qué sucedería si uno sacara a la luz un código moral no religioso? Uno que fuera atractivo para el público. Uno que tuviera éxito entre la gente y se pudiera seguir. Uno que aumentara el potencial de supervivencia del individuo entre sus congéneres; y uno que la gente en general transmitiría a los demás”.

El primer código moral que se basa plenamente en el sentido común, El Camino a la Felicidad ofrece 21 preceptos para la vida en lo que se ha convertido en una era cínica y en buena medida sin fe. La apelación es totalmente lógica. Cada precepto marca los lindes del camino hacia una mejor supervivencia y felicidad para uno mismo y su prójimo. Así, por ejemplo, se recomienda ser moderado y abstenerse de usar drogas dañinas, no por principio, sino porque ese camino a la felicidad no se puede recorrer a menos que uno físicamente pueda disfrutar de la vida. De igual manera, se advierte en contra del libertinaje sexual, no de forma arbitraria, sino más bien, debido a que las relaciones y las familias se harán añicos ante a la infidelidad. Con la misma lógica, se insta a los lectores a vivir con la verdad y a no presentar falsos testimonios, ya que “Nadie es tan infeliz que aquel que trata de vivir en un caos de mentiras”. Su advertencia en contra del acto criminal es también un asunto de razonamiento incontestable. Quienes cometen crímenes, ya sea que se les arreste o no, escribe: “quedan aún debilitados ante el poder del estado”. Luego, también, indudablemente, no puede haber felicidad si uno comete asesinato o es él mismo asesinado.

Hay más, incluyendo los preceptos relativos a cuidar a los niños, honrar a los padres, proteger nuestro entorno, apoyar a la gente de buena voluntad y cumplir con las obligaciones. Además, en cada precepto se incluye una nota sobre su aplicación, como en el consejo de LRH de practicar para adquirir competencia y alentar a los demás a ser industriosos. Mientras que a lo largo de todo el texto se encuentra esa verdad central tan clave y tan poderosa: La supervivencia, y de esta manera nuestra felicidad, está vinculada de manera inextricable a todas las dinámicas y así: “El guijarro, arrojado en un estanque, puede producir ondas que llegan a la orilla más lejana”.

La diseminación de este pequeño libro por sí sola, nos dice Ronald, puede cambiar, de hecho, la estructura de esta civilización. Puede ser realmente el heraldo de “una nueva era en las relaciones humanas”. Si la afirmación parece demasiado optimista, con 50 millones de ejemplares en circulación en la actualidad, no lo es. Aunque es difícil medir los efectos acumulativos (puesto que, ¿cómo se puede medir la tolerancia y la decencia con la misma precisión estadística que la de los porcentajes de asesinato?), como las páginas siguientes confirmarán, honestamente estamos siendo testigos de algo que puede describirse como milagroso.



| Anterior | Glosario | Índice | Siguiente |
| Encuesta | Sitios afines | Librería | Página principal |

L. Ronald Hubbard Site | L. Ronald Hubbard: El Fundador de Scientology | L. Ronald Hubbard: El Creador de Música | L. Ronald Hubbard, El Filántropo - La Educación | L. Ronald Hubbard, Dianetics Letters | L. Ronald Hubbard, Literary Correspondence | L. Ronald Hubbard, Un Perfil | Tributos y Reconocimientos para L. Ronald Hubbard | L. Ronald Hubbard, Poet/Lyricist | L. Ronald Hubbard, El aventurero y explorador: Hazañas audaces y regiones desconocidas | Scientology Site | Dianeticá Site

info@scientology.net

© 1996-2004 Iglesia de Scientology Internacional. Todos los derechos reservados.

Para información sobre marcas registradas