Ética y justicia
(continuación)
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Siguió adelante haciendo muchas sugerencias más, por supuesto, incluyendo una solicitud característica de Ronald, por la tolerancia general y la preservación de la libertad individual. Sin embargo, dado que, como hemos dicho, él no sirvió en esas fuerzas de ocupación, y dado también que la investigación de Dianética se intensificó, no fue, en efecto, sino hasta 1951 que una vez más se dirigió específicamente a la teoría de la ética.
Su vehículo fue La ciencia de la supervivencia. Orientada en torno a su Tabla de Evaluación Humana, que describe los diferentes tonos emocionales humanos, la obra ofrecía el primer medio preciso para predecir la conducta humana. También ofrecía una explicación detallada de las diferentes dinámicas de la existencia humana, es decir, los diferentes campos o entidades con los que uno debe cooperar para obtener una supervivencia óptima. Así, encontramos que la supervivencia se logra a lo largo de varias rutas, que incluyen la supervivencia como individuo, como familia, como grupo, como humanidad y como parte de todos los seres vivos. Y de esta visión de la vida como algo interdependiente con todo lo demás, surgió la primera definición funcional de la ética": Racionalidad hacia el nivel más alto de supervivencia para el individuo, la raza futura, el grupo y la humanidad, y las demás dinámicas tomadas colectivamente.
Sin embargo, para que no se pase por alto este punto, el concepto clave aquí era la funcionalidad. Como Ronald ha señalado de manera muy correcta, la ética tradicionalmente ha sido una cuestión contemplativa con un debate más o menos interminable sobre lo que constituye precisamente lo correcto y lo incorrecto. Luego, además, el tema se ha confundido, sin esperanza de solución, con la justicia, la cual es, sin embargo, otro asunto totalmente diferente, es decir, la justicia es la acción que el grupo toma sobre el individuo cuando el individuo no se comporta por sí mismo de una manera ética. Así, la ética se convierte en un asunto personal, y consiste de aquellas acciones que uno realiza hacia sí mismo para la supervivencia óptima a través de todas sus dinámicas. Por extensión entonces, el bien se podría definir como acción constructiva de supervivencia, mientras que el mal es precisamente lo opuesto. En otras palabras, y esto es otra vez de LRH mismo: Las cosas que son buenas complementan la supervivencia del individuo, su familia, los niños, el grupo, la humanidad, la vida y la materia, la energía, el espacio y el tiempo (el universo físico). Mientras que el mal es cualquier cosa que sea más destructiva que constructiva a lo largo de cualquiera de las diversas dinámicas.
Por supuesto, el resultado neto es que la ética no es un tema para la contemplación - un asunto de cuestiones abstractas relativas, como diría el psicólogo - sino un instrumento funcional para la vida real. ¿Cuál es el argumento que favorece la honestidad y la decencia? ¿Por qué el robo nunca, al final, es provechoso y menos aún lo es el asesinato? ¿Por qué es tan censurable el expolio del medio ambiente, por no mencionar la ruina de un planeta? Porque cuando uno hace llegar la ecuación ética hasta el último dígito crítico, vemos que nuestra supervivencia óptima como individuos es absolutamente interdependiente de todo lo demás, y sólo al considerar constantemente la supervivencia de la mayoría, podemos asegurar nuestra propia supervivencia.
De nuevo, como Ronald nos recuerda, también está esto: Como el hombre es básicamente bueno, cuando se encuentra a sí mismo cometiendo demasiados males, entonces, o bien de forma causativa, o bien de forma inconsciente o inadvertida, el hombre se impone la ética destruyéndose. Por medio del ejemplo, señala al criminal que habitualmente deja pistas para su propia perdición, o al dictador tiránico que se vuelve loco a sí mismo. Pero de hecho, agrega, los fenómenos son universales, y los casos innumerables. Habiendo dañado a demasiados, con demasiada frecuencia, y al carecer de medios reales para corregir sus agravios, los hombres, en forma directa y deliberada, se llevan a sí mismos a la ruina.
Es desde esta atalaya, entonces, desde esta imponente visión de la ética como razón misma, que llegamos al logro culminante de LRH: la tecnología real de la ética por medio de la cual se puede mejorar la supervivencia. Como precedente histórico (pero teniendo en cuenta que lo que Ronald trajo al tema es totalmente nuevo), nos refiere al antiguo texto budista, el Vinaya Pitaka y en particular, al Cullavagga, o las reglas de conducta para la pureza de la vida monástica bajo Buda. Según la tradición, Buda mismo escribió el Cullavagga cuando le hicieron notar los deslices éticos de los discípulos. Se incluyen medidas para todas las ofensas importantes, así como también las faltas más comunes en la etiqueta monástica. Pero lo que distingue al documento, y la razón por la que es pertinente aquí, es porque constituye uno de los primeros intentos (y muy raros) de desarrollar un sistema ético, no para el castigo, sino para la rehabilitación. Así, además de delinear las infracciones, el Vinaya Pitaka prescribe también el método de expiación.
En cierto sentido, la tecnología de ética de LRH proporciona lo mismo: para aquellos que han sido expulsados de un grupo, debido a una conducta no ética, Ronald proporciona, de forma muy clara, la ruta de regreso al hogar; pero también proporciona mucho, mucho más. De hecho, con la tecnología de ética de LRH viene no un medio para la salvación ética a través de la expiación, sino la verdadera rehabilitación mediante la comprensión y la aplicación de lo que equivale a las leyes fundamentales de este universo.


