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Cuando un individuo deja de aplicar la ética a sí mismo y deja de actuar de acuerdo a la moral del grupo, la justicia entra en escena.
En general, uno no se da cuenta de que el criminal no sólo es antisocial, sino que también es anti-él mismo.
Una persona que carece de ética, que tiene sus dinámicas fuera de comunicación, es un criminal potencial o activo, ya que continuamente comete crímenes contra las acciones de los demás que favorecen la supervivencia. El crimen podría definirse como la reducción del nivel de supervivencia a lo largo de cualquiera de las ocho dinámicas.
La justicia se usa cuando la falta de ética y el comportamiento destructivo del individuo comienzan a afectar demasiado seriamente a los demás.
En una sociedad regida por criminales y controlada por una policía incompetente, los ciudadanos identifican en forma reactiva cualquier acción o símbolo de justicia con la opresión.
Pero tenemos una sociedad llena de gente que no se aplica la ética, y a falta de una verdadera ética, uno no puede vivir con los demás y la vida resulta miserable. Por lo tanto tenemos la justicia, que se desarrolló para proteger al inocente y al recto.
Cuando un individuo deja de aplicarse la ética y no actúa de acuerdo a los códigos morales, la sociedad toma medidas de justicia contra él.
La justicia, aunque por desgracia no se puede poner en las manos del hombre, tiene como intención y propósito básicos, la supervivencia y el bienestar de aquellos a quienes sirve. No obstante, la justicia no sería necesaria cuando los individuos fueran lo suficientemente cuerdos y éticos para no intentar reducir la supervivencia de los demás.
La justicia se usaría hasta que la propia ética de la persona la convirtiera en compañía adecuada para sus semejantes.


