Ahora, tenemos la ética como supervivencia. Pero ¿qué hay con las cosas como la moral, los ideales, el amor? ¿No están estas cosas por encima de la “mera supervivencia”? No, no lo están.

Las novelas románticas y la televisión nos enseñan que el héroe siempre vence y que el bien siempre triunfa. Pero parece que el héroe no siempre vence y que el bien no siempre triunfa. Mirando en una perspectiva más limitada, podemos ver que la maldad triunfa por todas partes a nuestro alrededor. La verdad del asunto es que tarde o temprano la maldad va a perder. Uno no puede ir por la vida escogiendo como víctimas a sus congéneres sin acabar de otra forma, más que atrapado: siendo la víctima él mismo.

No obstante, uno no observa esto en el curso normal de la vida. Uno ve que los malos tienen éxito por doquier, amasando dinero de manera evidente, cortándole el cuello a sus hermanos, beneficiándose de los fallos de los tribunales y llegando a gobernar a los hombres.

Sin considerar la consecuencia final de esto, que está ahí precisamente con tanta seguridad como que el sol sale y se pone, uno comienza a creer que el mal triunfa, aunque se le haya enseñado que sólo triunfa el bien. Esto puede hacer que la persona misma tenga un fracaso y de hecho puede causar su ruina.

En lo que respecta a los ideales, a la honestidad, al amor que uno tiene por su prójimo, uno no puede encontrar una buena supervivencia para sí mismo o para muchos otros, cuando faltan estas cosas.

El criminal no sobrevive bien. El criminal promedio pasa la mayor parte de su madurez enjaulado como las bestias salvajes, y vigilado por los rifles de buenos tiradores que le impiden escapar.

A un hombre del que se sabe que es honesto, se le recompensa con supervivencia: buenos trabajos, buenos amigos. Y el hombre que tiene sus ideales, sin importar lo cuidadosamente que se le pueda persuadir para que los abandone, sobrevive bien sólo en la medida en que sea fiel a esos ideales.

¿Alguna vez has visto a un médico que motivado por el beneficio personal comienza a atender secretamente a criminales o a traficar con anfetaminas? Ese médico no sobrevive mucho después de abandonar sus ideales.

Los ideales, la moral, la ética, son todos parte de esta forma de entender la supervivencia. Uno sobrevive mientras sea fiel a sí mismo, a su familia, a sus amigos, a las leyes del universo. Cuando falla en cualquier aspecto, su supervivencia se reduce.

En los diccionarios modernos encontramos que ética se define como “moral”, y moral se define como “ética”. Estas dos palabras no son intercambiables.

La moral debería definirse como un código de buena conducta dictado por la experiencia de la raza para servir como norma uniforme para la conducta de los individuos y los grupos.

La moral es, en realidad, las leyes.

El origen de un código moral se produce cuando se descubre, mediante experiencia real, que cierto acto perjudica más a la supervivencia que la favorece. La prohibición de este acto entra entonces a formar parte de las costumbres de la gente y puede, al final, convertirse en una ley.

A falta de mayores poderes de razonamiento, los códigos morales, en la medida en que proporcionen una supervivencia mejor para su grupo, son una parte vital y necesaria de cualquier cultura.

No obstante, la moral se convierte en una carga onerosa y se protesta contra ella, cuando se vuelve anticuada. Y aunque la rebelión contra la moral puede tener como objetivo explícito el hecho de que el código ya no es tan pertinente como lo fue en su día, las rebeliones contra los códigos morales generalmente ocurren porque los individuos del grupo, o el grupo en sí, han llegado a carecer de ética hasta un punto en que desean practicar el libertinaje en oposición a estos códigos morales, no porque los códigos en sí sean irracionales.

Si un código moral fuera completamente racional, se le podría considerar, al mismo tiempo, completamente ético. Pero sólo en este nivel superior se podría decir que estos dos son lo mismo.

Lo máximo en razón es lo máximo en supervivencia.

La conducta ética incluye la adhesión a los códigos morales de la sociedad en que vivimos.




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