La universidad del crimen
(continuación)

También está el sistema de colonia-prisión, del que Francia e Inglaterra han abusado de forma tan lamentable. El fracaso de la colonia-prisión no radica en su principio sino en su aplicación. Un hombre cuerdo se volvería loco en la Guayana Francesa, aunque fuera “libre”. Ningún ser humano podría sobrevivir en las junglas de Tasmania cuando los peligros naturales se complementan con guardianes todopoderosos que tienen órdenes de tirar a matar además de sus propios apetitos insanos. Existe una colonia-prisión que sí sobrevivió, hasta un grado muy notable. Pero esto debe decirse en voz muy baja ya que en la actualidad, aunque se colonizó inicialmente con “criminales”, es el continente con menos criminalidad del mundo, lo cual parecería dar al traste con la teoría de la herencia.

Hay más carreteras por construir, más presas por levantar en los Estados Unidos, de las que cien millones de hombres podrían terminar en mil años. Esto implica mano de obra criminal. Pero, ¿se puede juzgar y descartar la mano de obra criminal sin pensarlo dos veces cuando las condiciones bajo las que se practica rivalizan con las de la Guayana Francesa?

¿Puede un hombre mantener su propia estima cuando tiene su tobillo encadenado al de su compañero? ¿Cuando un guardia está cerca de él con una pistola? ¿Cuando no se le muestra ninguna consideración? Y por último y más importante, ¿cuando su trabajo sólo es mano de obra, no logro?

Ahí está Alaska, una tierra de grandes oportunidades pero aparentemente con gran necesidad de una población y trabajadores con ganas.

Ah, no, me estoy aventurando en terreno peligroso.

Por supuesto que el único sistema es desear que el malechor nunca hubiese nacido. El sólo hecho de que ha nacido y que ha crecido hasta convertirse en un hombre no tiene absolutamente ninguna relación con el tema.

Naturalmente, de hecho nos importa muy poco quién forma las filas del crimen organizado. No nos importa en absoluto si nos roban la casa o secuestran a nuestro hijo. ¿Por qué no deberíamos darles pensión completa y pagar las cuotas de matrícula de los jóvenes en la Universidad del Crimen?

Un pequeño hecho, si se llegara a probar, no tendría relación posible con la situación: si el número de criminales dentro de nuestras fronteras ha decrecido desde la formación de la CCC³, teniendo en cuenta debidamente el crecimiento natural de todas las filas del crimen, propiciado por lo humillante de la asistencia social y la acentuada necesidad y sufrimiento de las familias en todas partes.

No, eso no tendría nada que ver con ello en absoluto.

Nosotros, el pueblo, suplicamos, rogamos, demandamos que la práctica de desear que la torpe juventud nunca hubiese nacido retenga su honorable posición en los incuestionablemente exactos libros de derecho de estos grandiosos y gloriosos Estados Unidos, la tierra donde todos los hombres son creados iguales.

3. CCC: Cuerpo de Conservación Civil (del inglés Civilian Conservation Corps), un programa llevado a cabo bajo la presidencia de Franklin D. Roosevelt en la década de los 30, en donde a los desempleados se les pagaba un dólar por día por trabajar en proyectos de conservación forestal.



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